Acerca de la ideología de género

 Por Jesús Rosales Valladares – Enfoque a la Familia
En el transcurso de los  siglos, en Occidente se estableció un sistema cultural y de pensamiento “patriarcal” que derivó, entre otras cosas, en innegables asimetrías e injustas relaciones y roles entre los hombres y las mujeres. Esta compleja e inconveniente situación fue levantando, en distintos momentos y contextos históricos, malestares e inconformidades sociales.

Ya a principios del siglo XX, con mucha más articulación y consistencia, se empezaron a consolidar algunos movimientos “feministas” que procuraban mayor equidad en los derechos de las mujeres, así como ajustes y cambios en la perspectiva de pensamiento en cuanto a roles y trato. Sin embargo, esto no quiere decir que,  durante la gran cantidad de siglos anteriores, no se dieran importantes manifestaciones y relevantes testimonios de hombres y mujeres que elevaban sus voces de protesta ante las injustas desigualdades prevalecientes en la sociedad.

No obstante, cuando se hace referencia a la ideología de género, se  hace mención a algo muy distinto de aquellas perspectivas de género que, originalmente, pretendían corregir y superar las profundas asimetrías en el ámbito de la igualdad de derechos y la equidad de género. En este otro caso se trata de una corriente ideológica que pretende replantear, en esencia, la antropología sexual humana.

El profesor Jorge Scala, especialista argentino en derecho y bioética, ha señalado con acierto que la ideología de género no es un fenómeno local impulsado por alguna persona en particular o gobierno específico, sino más bien una iniciativa global que proviene de tres fuentes principales: “… algunas posturas neomarxistas, determinadas corrientes homosexuales de sexólogos americanos y ciertas teorías de Simone  de Beauvoir y Foucault”.

En las últimas décadas, tal y como lo han expuesto el propio Jorge Scala como el reconocido académico español Benigno Blanco, algunos funcionarios que laboran en varias agencias de la ONU (UNICEF, FPNU, Banco Mundial, OMS)  han influenciado en los distintos gobiernos de países de Occidente -principalmente de Europa, Canadá, Estados Unidos y América Latina- promoviendo la ideología de género. Esta incidencia se realiza utilizando principalmente los medios de comunicación, la educación y los parlamentos.

Como uno de los principales postulados de la ideología de género está la promoción del aborto. Para la ideología de género, el embarazo y la maternidad son expresiones que mantienen y perpetúan la desigualdad entre el hombre y la mujer, así como los patrones tradicionales de desventaja e inequidad de la mujer, propios de la “cultura patriarcal”. Entre varias razones, por esto mismo es que, durante varias décadas, se ha promocionado por parte de las agencias internacionales fuertes campañas para el control de la natalidad y la legalización del aborto.

En palabras de Jorge Scala “...si esta ideología busca la construcción del nuevo ser humano destrozando la antropología sexual de la persona, de forma que el hombre y la mujer no sean iguales, sino idénticos, sólo hay un escollo que salvar para lograr esto: el embarazo. Si el aborto es totalmente gratuito hasta el minuto anterior de dar a luz, la mujer podrá decidir “libremente” si desea ser o no idéntica al hombre en cuanto a sus circunstancias personales y sociales y estar en condiciones idénticas para competir con el hombre”.

Aunque la mayoría de los autores de la ideología de género son hombres, se ha utilizado a los feminismos más radicales para su promoción, principalmente porque “…con las mujeres se crea el caldo de cultivo de la competencia tratando de adquirir los mismos roles que el hombre en la sociedad, pero no por la complementariedad, que es un concepto contrario a las tesis de la Ideología de Género, pues “complemento” implica marcar determinadas diferencias que nos hacen distintos, y se trata de ser idénticos. Sólo la competencia es lo que nos pone en la parrilla de salida para luchar todos contra todos en iguales condiciones. Son las mujeres las que abanderan esta ideología, pero como mero instrumento de actuación”.

De igual forma, como esta ideología promueve no la igualdad sino el carácter idéntico entre hombres y mujeres, plantea que la diferencia biológica no es un determinante para ser hombre y mujer, sino que la identidad de género se construye social y culturalmente, y que es la elección de la persona lo que realmente importa. Es aquí donde se incorpora la agenda de los colectivos LGTBI, quienes impulsan la idea de que sexo y género son cosas totalmente distintas, y que cada quien puede escoger como se siente mejor, independientemente del sexo con el que nazca.

Ante esta posición, hace poco tiempo, la publicación de Tecnología y Sociedad, The New Atlantis publica en su número 50 (otoño de 2016) un “informe especial” titulado “Sexualidad y género. Hallazgos de las ciencias biológicas, psicológicas y sociales”, donde se revisan más de quinientas investigaciones científicas recientes sobre la orientación sexual, la correlación entre orientación sexual y salud mental y la naturaleza y problemática de la identificación transgénero.

Las conclusiones de este estudio son demoledoras para la “ideología de género” ya que se indica que no hay pruebas científicas con una base biológica de la homosexualidad, ni de su invariabilidad, ni tampoco las hay de que el estrés social (por discriminación o estigmatización) sea la causa principal de que la población homosexual y transgénero tenga un mayor riesgo de problemas de salud mental e índices de suicidio, y por último, algo fundamental,  desaconsejan los tratamientos transgénero en menores por la evolución en el tiempo de la percepción del niño o adolescente sobre su género.

Los autores del estudio son dos científicos de primer nivel. El doctor Lawrence S. Mayer es médico psiquiatra, epidemiólogo y matemático, y profesor del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Johns Hopkins y profesor de Estadística en la Universidad del Estado de Arizona. Ha trabajado en centros tan prestigiosos como la Universidad de Princeton y la Clínica Mayo.

El doctor Paul R. McHugh estudió en Harvard y está considerado el más importante psiquiatra norteamericano del último medio siglo. Fue durante veinticinco años jefe de Psiquiatría en el Hospital Johns Hopkins, donde también a lo largo de un lustro ejerció como director médico. Entre 2002 y 2009 fue miembro del consejo asesor sobre Bioética del presidente de Estados Unidos.

Este estudio establece una posición muy clara respecto “a los niños en conflicto con su sexualidad y su género”. Porque “la idea de que un niño de dos años que haya expresado pensamientos o comportamientos identificados con el sexo opuesto, puede ser etiquetado de por vida como transgénero no tiene absolutamente ningún apoyo científico. De hecho, es una iniquidad creer que todos los niños que tienen en algún momento de su desarrollo pensamientos o comportamientos atípicos sobre el género, particularmente antes de la pubertad, deben ser animados a ser transgénero”.

Por eso el Dr. Mayer recomienda a los ciudadanos, profesores y clínicos no adoptar posiciones dogmáticas o ideológicas (como la que adopta la ideología de género) respecto a este tema de la identidad sexual o de género y más bien dedicarse a ayudar y guiar a los niños que puedan tener conflictos  derivados con la situación que enfrentan.

Estos estudios son demoledores para la “ideología de género”, porque demuestran que las argumentaciones sobre la que se fundamenta esta ideología, no tienen ningún asidero científico.

Por su parte, según una publicación en Actuall del mes de marzo de 2017,  la doctora en Biodiversidad Genética y Evolución, Pamela Puppo, señala que: “No aceptar la ideología de género no es discriminación, no es ser intolerante ni homofóbico”, sino que “es simple biología”.

Puppo se graduó en Biología en la Universidad Agraria de La Molina, en Lima (Perú) y tiene un Máster en Biology Plant Systematics por la Universidad de Missouri (Estados Unidos). Se doctoró en Biodiversidad, Genética y Evolución en la Universidad de Porto, en Lisboa (Portugal), tras realizar investigaciones en evolución y genética de las plantas.

En un artículo de opinión publicado el 7 de marzo en el sitio web Posición.pe, titulado “Sobre la ideología de género”, la Dra. Puppo explica que “cuando los fetos se forman, poseen dos cromosomas sexuales, XX o XY según sean niña (XX) o niño (XY). Los genes contenidos en estos cromosomas determinan el desarrollo físico de los fetos. Así, los embriones desarrollan diferentes órganos según el sexo”.

“En la pubertad, se producen una serie de hormonas, testosterona si es varón o estrógeno y progesterona si es mujer, que influencian no solo la forma física como la persona se desarrolla, sino, una serie de características afectivas, psicológicas, etc.”.

La Dra. Puppo subraya que, contrariamente a los postulados de la ideología de género, “el hecho de nacer como hombres o mujeres no es un hecho cultural, es biológico”.

La científica advierte además que “la ideología del género no promueve la igualdad entre los sexos, la ideología del género promueve la asexualización del ser humano”.

“Esta ideología, que es eso mismo, una corriente de pensamiento, no una teoría científica ni mucho menos una evidencia científica, sostiene que los seres humanos somos ‘neutros’ cuando nacemos, y podemos escoger si ser hombres, mujeres, o una combinación de ambos cuando crecemos”.

La Dra. Puppo indica que “La igualdad se alcanza respetando las diferencias de cada sexo y lo que cada sexo aporta a la sociedad”, y agrega que “las personas que nacen con un sexo y sienten luego que no tienen el sexo adecuado “sufren de un síndrome conocido como ‘disforia de género’. No es la regla, es la excepción… basta decir que estas personas tienen que ser respetadas, queridas y acompañadas”.

Como se ha mostrado, la ideología de género es una corriente de pensamiento, no una teoría científica; devalúa el factor biológico y sobre dimensiona lo socio-cultural en materia de sexo y género; no procura la igualdad ni la equidad entre hombres y mujeres sino la asexualización del ser humano; procura la competencia y el carácter idéntico de los sexos, en lugar del carácter diferenciado, dual y complementario que existe entre ambos; y aunque en su retórica planea la promoción de la diversidad familiar, su propuesta representa un debilitamiento significativo a las funciones naturales y al aporte de la familia como fundamento de la sociedad

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